Javier Mirandés

Frente a su mesa de trabajo, el arquitecto Javier Mirandés forja nuevos modelos de desarrollo urbano. Los principios que rigen el diseño son los mismos que aplica a la hora de integrar los tres grandes componentes de su vida: familia, profesión y pasatiempo: los autos y las carreras.

Arquitecto principal de la firma Arch UD (Urban Designers), Javier Mirandés ha dirigido su experiencia e interés profesional de su grupo hacia la planificación de desarrollos urbanos orientados al transporte colectivo, conocido como Transit Oriented Development. Aunque le enorgullecen todos sus proyectos, como el Complejo de Tennis diseñado para los Juegos Centroamericanos Mayagüez 2010; la Ciudad de las Ciencias junto a las firmas Toro y Ferré y Field Operations y la experiencia del Tren Urbano, donde laboró por doce años. Cuando mira al futuro de su profesión y de la Isla, la visión de Javier sería que la panificación urbana reciba la importancia que amerita para reinventar y transformar el paradigma de las ciudades.

La otra faceta de Javier Mirandés es su afición por los autos de carrera, como espectador y corredor o los autos en general, desde los antiguos hasta los ultramodernos.Nada de contradictorio en esto. Los autos son su “hobby”, pero cree que Puerto Rico tiene que cambiar su visión de la transportación e incentivar su desarrollo colectivo. “Otra cosa es sentir la fascinación de la maquinaria de un auto antiguo o moderno, estudiar y maravillarse ante su diseño, su componente ingenieril que permite lograr mayor velocidad y también sentir el reto, el desafío, el surgir de la adrenalina mientras lo conduces. Sentir el placer de manejarlo”. Admite que estudiaría “transportation design”. Desde niño le fascinaron los autos. Hoy por ejemplo le encantan los carros europeos de los años 50 y 60, “joyas del diseño automotriz’, dice, y se maravilla ante la tecnología superior de los autos modernos, poderosos pero con un gran grado de seguridad.

No fue hasta ya todo un profesional que pudo darse el lujo de adoptar el pasatiempo, de adquirir sus autos, un Mini Cooper y un Audi (que son su autos de ir a trabajar y de su vida diaria también), de participar en el deporte en diversas facetas. Acá en Puerto Rico se reúne con sus amigos y van a Ponce y a Salinas para participar en carreras. Son pistas de aceleración que incorporan circuitos pero no son del calibre de otras en el extranjero.

No obstante, ha logrado correr y asistir a carreras en Estados Unidos y en Europa. Siempre a nivel aficionado. La mejor, dice, es la de Barcelona Circuito Fórmula 1. Esta pista está diseñada para el nivel más alto y sofisticado de automovilismo, lo que se conoce como Fórmula 1. Allí tuvo el placer de correr y “!!!Eso es adrenalina pura!!!”. Lo próximo es asistir como espectador al Petit Le Mans en Atlanta este mismo mes de octubre.

Para Javier, éste es su espacio pará él y su grupo de amigos. El otro gran espacio en su vida son su esposa Ona y sus dos hijas. Con ellas comparte el tennis y asiste a sus prácticas y ellas celebran sus aventuras automovilísticas.

Por Mariel Echegaray
Fotos Jesús Fuentes
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