Trick Me

Mientras la trompeta hacía lo suyo y toda aquella gran banda vestida de negro se destacaba en aquel gran salón, yo recogía los residuos de lo que había sido una noche malsana. Todo estaba lleno de colilla, botellas vacías y cosas desubicadas. Ellos allá y yo acá. Qué injusta fuera la vida si no existiera la computadora; la Internet, Youtube, la música y por supuesto esa negra de cabello alborotado con voz ronqui-baja llamada Kelis. No sé si en vivo se vería igual de bonito que en la pantalla sucia de mi computadora, –y me creo la duda– porque hasta el perro que no tengo sabe que se ve mejor. Es como las fulanas que no aceptan que el mismo vestido le queda mejor a la otra. Lo que si sé es que en las bocinitas prestadas que tengo y que jamás entregaré se escucha soberbio, magistral, grandioso, cabronsísimo. Se llama ¨Trick me¨ y, fue mi canción favorita en la escuela superior, (la high school por si algún guaynabito) la segunda en orden después del intro del disco ¨Tasty¨. Ese álbum que incluye la icónica y pegajosa canción ¨Milkshake¨, que de hecho le sigue a Trick me. La escuché tanto que rayé los dos discos que compré. Para ese entonces lo que escuchaba era Korn, Marilyn Manson, Bob Marley, No Doubt y todo ese rockcito y reggae milenial. No sabía nada de Kelis hasta que vi el delicioso video de Milkshake en MTV (cuando era un canal de vídeos musicales y no de realitys) en ese momento me pareció interesante la negrita, pero si se trataba de chicas, estaba muy jukeado con Kylie Minogue y su Body Language.  Hasta que la Afro-japonesa saca su segundo sencillo, ¿adivina cuál?  Exacto ¨engáñame¨ (traducido).

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Fue cuando comenzó la desesperada pero fascinante fiebre por esa canción. Ni yo mismo sabía por qué rayos me encantaba tanto, ni en viernes santo la dejaba de escuchar.  Recuerdo que sometí a varios de mis compañeros de clase a escucharla todo lo que duró la acostumbradísima caravana que se hace la noche antes del ¨field day¨ y que es un evento que paraliza el pueblo de donde vengo. Repeat the song literalmente. Esa noche íbamos como seis en la histórica guagua Windstar que mi mamá tenía, todos cristales afuera gritando y yo de pláceme con la joda y la canción. ¡Oh Dios que días más memorables! La adicción fue tanta que le rendí tributo a la negrita con un dibujo de ella en una de las paredes de mi casa, medía casi cinco pies aquella amalgama de carbón y crayola que para mí fue y seguirá siendo una obra de arte.  Nunca se me ha dado lo de dibujar, pero de lo peor es lo mejor que me ha quedado. Lástima que quienes pintaron la casa no tuvieron la clemencia de conservarla. Pero nada, eso lo superé hace varios corajes ya. El punto de todo este texto que no sé por qué lo comparto siendo un asunto tan personal, es que siento que he madurado musicalmente acorde con la artista. Para aquel entonces (2004, 05, 06) la canción tenía un soniquete tipo reggae rústico versión americana comercial, que para ese tiempo se colaba como mi género favorito. Sin embargo, para estos días que me la paso escuchando a: James Brown, Amy Winehouse, Patti LaBelle, entre otros dioses de la música elegante, la canción tiene un toque de versión Jazz. Por mi madre que esta muchacha y yo fusionamos. No había vuelto a escuchar una canción en modo repeat hasta ahora que redacté este texto. Acompañado por una botella de Prosecco y selfies que jamás verán la luz pública. Me encanta los viernes como este. Pero que bueno que siempre hay un lunes para componerlo todo.

Mientras tanto, les dejo esta obra maestra…

https://www.youtube.com/watch?v=QuN65W9rshQ

Gerry Onel Martínez
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