En paz, Carla Haussler

Trabajó mucho y fue afanosa. Se convirtió en líder, empresaria exitosa, ancla de Juntas de Directores, consultora de negocios, madre y multitasker. Con sus días llenos y sus horas completas, llegó a ella lo inesperado: encontró la paz, sin saber que la estaba buscando. Ahora, no sólo la reafirma cuando reza por ella en cada cuenta del rosario, sino que la crea, para ofrecerla a los demás.

Carla Haussler revolucionó el mercado de la pastelería en Puerto Rico. Impresionó con su corta edad, cuando a los 23 años de edad fundó la conocida marca Carla’s Sweets, dedicada a la confección de brownies, galletas, besitos de coco, mantecaditos y merenguitos, entre otros. Muchas otras personas ya horneaban desde hace años estos productos, chefs, reposteros y hasta amas de casa. Pero fue ella, quien en 1998 tuvo la visión empresarial, de cocinarlos a nivel industrial, crear una fábrica local, empacarlos, distribuirlos y mercadearlos, augurando el éxito gracias a su sabor hogareño. Más de 10 años han pasado y todavía sus creaciones se reparten como recordatorios en las actividades y se regalan en ocasiones especiales. La fábrica, como tantos otros roles de una mujer líder, le ocuparon mucho tiempo. No empero, su vida estaba llena. Más llena que nunca, por lo cual Carla pensaba que nada se le había perdido.

“Hace casi dos años tuve que ir a un retiro de padres. Aunque siempre me he considerado una persona espiritual, los asuntos de la iglesia no eran mi fuerte. A punto de finalizar el retiro, una pareja comenzó a dar testimonio de cómo la Oración y el Rosario habían cambiado su vida. Como si hubiesen destapado toda la angustia que llevaba en mi interior, comencé a llorar. Esa fue la primera señal. Una vez en mi casa, comencé a rezar la novena a las tres en punto de la tarde, y desde ese preciso momento mi vida cambió.” Así nos abre su corazón, y resume el relato hermoso de una mujer admirable que tal cual, las rosas de María transformaron sus días.

Sus manos, siempre habilidosas, su mente a todo vapor, su creatividad a flor de piel y una fuerza interior desconocida y poderosa la llevaron a unir cuenta tras cuenta para formar sus propios rosarios. Coqueta y moderna como siempre ha sido, los convirtió en collares. De esta forma ella sí los usaría y curiosamente, las demás mujeres también. Así comenzaron a venderse sus piezas, con éxito y palabras de halago. La Virgen la estaba esperando en Medjugorje y el recaudo de esa venta la llevaría hasta ella. “Allí aprendí tanto”, menciona.

Los rosarios que confecciona Carla tienen diferentes largos y colores. Podemos encontrar uno con cuentas de madera, la medalla de San Benito y un corazón en plata,  y una turquesa para representar cada misterio. “Este, particularmente, es un rosario largo que puede utilizarse todo desplegado hacia abajo, o en dos vueltas”, según explica la diseñadora, con aires de “stylist”. Uno de los favoritos, manteniéndonos en la categoría de los collares largos es el que está enhebrado con ágatas rosadas y ágatas violetas y cristales ámbares para marcar cada misterio. A este, para añadirle un toque de moda, le colgó una borla violeta al lado de un crucifijo. Esta pieza está montada en cordón de seda. Como ha sido tan deseada, la repitió en otros colores, en combinaciones de perlas con cristal de roca negro y en algunas ocasiones con cuentas de plata trabajada.  Carla va escuchando los comentarios, va observando los gustos de sus compradoras, sus edades, la forma en que los usan, y va amoldando su fe y sus propios intereses, para crear collares que se vayan adaptando a todos los gustos, sin perder su personalidad particular, y por supuesto, la esencia de que es un rosario. Un collar largo de los que hizo en jade rojo combinados con jades amarillos para cada misterio y una flor en jade tallada al lado de la medalla de San Benito, resultó ser una pieza impactante. Es muy brillante, gracias al color de las piedras, así que decidió realizar una versión más pequeña, o sea, corta. “Juntos se ven espectaculares”, aseguró y nosotros asentimos. Ahora nos adentramos en el los rosarios cortos. En ellos encontramos uno más sencillos de cuentas de cristal trasparente con ágatas violetas y cristales violetas para cada misterio. Este viene con un Prayer Box, en donde se pueden guardar peticiones para la Virgen María. Este, al ser corto, está montado en un cordón elástico para que sea fácil insertarlo por la cabeza.

En Medjugorje entendió la fuerza de la oración y la importancia de rezar el rosario en familia. “Ahora”, según explica “entiendo tantas cosas que antes no entendía. Ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Por eso quiero exponer, a mis hijos, a la Fe.” Y es esa misma fuerza y energía, que juntas llevan el nombre de espiritualidad, que Carla, tal vez sin darse cuenta, transmite en sus collares. “Los problemas no desaparecen pero ahora me enfrento a ellos desde otra perspectiva, con paz y serenidad”, confiesa. Las mujeres que los llevan, los visten con alegría, y quién sabe, también con un poco de esperanza. Los collares de Carla trascendieron la faceta de ser un accesorio común, es una pieza especial cargada de emoción, moderna, vistosa y llamativa que complementa un atuendo sencillo, que se enrolla por el cuello, que se combina con otros y que, no importa la forma de usarlo, siempre marca el camino. Carla lo encontró, y sin saber que la estaba buscando, ahora camina en paz.

 

Por Marilí de la Puebla
Fotos Jesús Fuentes
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